La parábola de los talentos
El domingo pasado estuve enseñando en PezMundial (Comunidad) sobre la parábola de los talentos (Mateo 25), y sobre ella, dos palabras que deberían llenar de urgencia el corazón de cualquier cristiano sincero: medición y resultados. Sé que ambos son términos malsonantes para los oídos de muchos creyentes, pues lo que tradicionalmente se nos ha enseñando —de forma directa o indirecta—, es todo lo contrario: que medir es malo y que a Dios no le importan tanto los resultados, sino las intenciones.
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En la imágen: Algunos de los camperos durante la actividad.
En la imágen: Saliendo de Dajabón. Quien está a la izquierda es Ray Abad, un visitante habitual de este espacio y gran amigo, director del campamento.
De los libros que he leído en los últimos años, uno de los que más valoro, me atrevería a leer y de hecho vuelvo a leer algunas de sus partes con frecuencia, es la autobiografía de
Hablaba con un amigo sobre las barreras que tienen que ser derribadas para que un grupo de personas pueda llegar a ser una comunidad. Un hecho interesante es que casi todas las iglesias que han sido sembradas en los últimos años, ya sea
Estuvimos conversando en PezMundial el jueves pasado acerca de cómo ve Dios nuestros proyectos y como los vemos nosotros y lo que estos diferentes puntos de vista producen en nuestro lado: ansiedad, desesperación, pecado. Para Dios, nosotros somos su proyecto, y nuestros proyectos sus herramientas; herramientas mediante las cuales el padre moldea nuestro carácter. Nuestra existencia transcurre en el intento de hacer avanzar por la fuerza nuestros proyectos (familia, negocios, ministerios, relaciones, carreras) mientras Dios intenta, sutilmente, que avancemos nosotros mismos hasta que el carácter de Cristo se haga realidad en nuestras vidas por medio de las dificultades.
En la imágen: La iglesia es una familia. |
En la imágen: Probando la visión |
En la imágen: Primeras sillas de PezMundial.
En la imágen: Algunas marcas conocidas.
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